Volumen Dos

La forma de trabajar ha cambiado y, con ella, también lo han hecho las oficinas. Hoy un espacio de trabajo debe responder a situaciones muy diferentes: momentos de concentración, reuniones, conversaciones informales, trabajo en equipo o simplemente la necesidad de cambiar de lugar a lo largo del día.

El diseño de oficinas ya no consiste únicamente en distribuir puestos de trabajo. Se trata de entender cómo funciona una empresa, cómo se relacionan las personas que forman parte de ella y qué necesita el espacio para acompañarlas.

Flexibilidad antes que espacios rígidos

Una de las transformaciones más interesantes del espacio de trabajo es la desaparición de distribuciones excesivamente rígidas.

Las oficinas contemporáneas combinan áreas abiertas con zonas de concentración, salas de reunión, espacios informales y lugares que pueden adaptarse a distintos usos. No existe una única fórmula: la distribución debe responder a la manera de trabajar de cada equipo.

Para nosotros, la flexibilidad no significa crear un espacio completamente abierto, sino ofrecer diferentes formas de habitar la oficina a lo largo del día.

Bienestar, luz y materialidad

La calidad de un espacio de trabajo también depende de aspectos que a veces pasan desapercibidos: la iluminación, la acústica, los materiales, el confort térmico o la relación con elementos naturales.

Una buena iluminación, materiales agradables y una acústica cuidada pueden transformar completamente la percepción de una oficina.

El objetivo es encontrar un equilibrio entre funcionalidad y bienestar, creando espacios donde las personas puedan trabajar cómodamente sin renunciar a una identidad propia.

Una oficina también comunica

El espacio de trabajo forma parte de la identidad de una empresa.

Materiales, colores, iluminación, mobiliario y gráfica pueden trasladar los valores de una marca al espacio sin necesidad de convertir la oficina en un ejercicio de identidad corporativa literal.

En proyectos como Prat International Brands, el interiorismo se convierte así en una herramienta para construir un entorno coherente con la empresa y, al mismo tiempo, crear un lugar pensado para quienes lo utilizan cada día.

Diseñar también los espacios intermedios

No todo ocurre alrededor de una mesa de trabajo.

Pasillos, zonas comunes, puntos de encuentro, áreas de descanso o pequeños espacios informales pueden tener tanta importancia como los propios puestos de trabajo. Son lugares donde se producen conversaciones espontáneas, encuentros entre equipos y otras formas de relación que también forman parte de la vida de una oficina.

Diseñar estos espacios intermedios permite que el proyecto funcione como un conjunto y no como una sucesión de áreas independientes.

La experiencia de otras disciplinas

En VOLUMEN DOS trabajamos entre la arquitectura, el interiorismo, las exposiciones y el diseño. Esa convivencia entre disciplinas también influye en nuestra manera de abordar los espacios de trabajo.

La museografía nos ha enseñado a pensar en recorridos y narrativas; el diseño expositivo, a comunicar a través del espacio; y los proyectos efímeros, a experimentar con materiales y soluciones capaces de transformar rápidamente un lugar.

No se trata de convertir una oficina en una exposición, sino de aplicar aprendizajes de diferentes disciplinas para encontrar soluciones menos previsibles.

Oficinas pensadas para las personas

No creemos que exista un modelo de oficina válido para todas las empresas.

Antes de diseñar es necesario entender cómo trabaja un equipo, qué relaciones se producen dentro de la organización y cómo puede evolucionar con el tiempo. A partir de ahí, arquitectura e interiorismo pueden ayudar a crear espacios más flexibles, cómodos y coherentes con la identidad de cada empresa.

Porque una oficina no es únicamente un lugar donde trabajar. Es un espacio que se habita durante muchas horas y que forma parte de la cultura de una organización.

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