MUSEO TORRE DE LA MODA EN TOKIO

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La sutileza y elegancia con la que el furisode, el kimono más formal que usan las mujeres jóvenes y que apenas descubre la figura, sirve de inspiración para acentuar la verticalidad de la torre museo. De la misma manera que sus cortes y alargadas mangas dejan entrever entre la penumbra las promesas que resguarda celosamente, el museo deja entrever su actividad tímidamente. Formalmente representa la elegancia de la cadencia de las pesadas telas del Furisode creando un volumen de percepciones tan distintas como pliegues tiene el envoltorio.

Como primer punto se busca irrumpir con la alta densidad urbana de la ciudad, creando un espacio permeable al peatón. Situando el área de servicio y parking en un rampa y aprovechando los niveles del terreno, se consigue liberar la primera planta formando un pequeño jardín de uso público, Un espacio ennegrecido que hace referencia a ese juego de sombras y umbrales presentes en la arquitectura tradicional japonesa y que permite hacer flotar la vestidura de la torre. Una de las principales funciones de la distribución es de no percibir el edificio como una sucesión de niveles, sino como un conjunto de pequeñas edificaciones protegidas por una piel exterior.

Las funciones más controladas o de uso privado se sitúan en un punto medio entre las exposiciones y los usos públicos justo debajo de la segunda terraza, utilizada como un espacio de descanso después de haber recorrido las exposiciones. La pasarela se desarrolla a 30 metros de altura con lo que se asegura que un fashion show sea de alguna manera un espectáculo público por su visibilidad, además de aprovechar al contexto como escenario de fondo. Por último el visitante puede finalizar la visita en la tienda, visible desde el vestíbulo para generar un espacio vital y de mucho movimiento.

La moda trata de lo perecedero. El principal reto era generar un equilibrio entre lo transformable y lo inamovible de la arquitectura. Si bien el gusto exquisito de la cultura tradicional  japonesa por la esencia de los materiales y su cambio a través del tiempo nos sirve como punto de partida era necesario generar un fuerte punto de contradicción con la idea de lo pasajero de la moda. Para ello se optado por una piel estructural de hormigón dotado de un sistema llamado Chronos Chromos Concrete  el cual es un sistema que permite mostrar de forma dinámica patrones, números y texto en superficies de hormigón. Primero, una tinta termo-crómica es mezclada con el hormigón. En segundo, cables de níquel cromado que son calentados al aplicársele corriente eléctrica, son colocados debajo de la superficie de hormigón. El área que queda por encima de los cables cambia de color cuando una cierta temperatura es alcanzada. La disposición de estos cables permite mostrar gráficas o texto.
La arquitectura cambia, al igual que la moda, en temporadas, día o noche o eventos. La red de cables dentro del hormigón se dispone de manera que es posible configurar distintos motivos geométricos encontrados en las telas japonesas.  Durante las temporadas de altas temperaturas un patrón más abierto y concentrado en la parte superior fuerza la ventilación por convección mientras que en las de bajas temperaturas el patrón se cierra y se crea un radiador.

La energía necesaria para el funcionamiento del sistema se obtiene de las fachadas acristaladas con vidrio fotovoltaico. Los vértices de cada pliegue de la fachada son aprovechados como juntas para absorber posibles dilataciones.